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“Un año de extremos climáticos”, editorial del Diario de la República en San Luis

Mientras el mundo de la política no logra acuerdos concretos para frenar el cambio climático y se debate entre discusiones de fondo y voluntades a medias, las noticias negativas en torno al impacto ambiental aparecen en cada rincón del planeta, sin que importe la coyuntura de tal o cual nación.

Luego del Acuerdo de París, del que Estados Unidos decidió “salir” y con ello, afectar de manera cruda el financiamiento de las políticas ambientales a mediano y largo plazo, el año 2018 fue un “año de extremos” para los glaciares suizos que, a pesar de un invierno con mucha nieve, perdieron 2,5% de su volumen debido a las altas temperaturas en primavera y verano.
Según un informe publicado por la Academia de Ciencias Naturales helvética, en 2018 los glaciares suizos perdieron “una quinta parte de su volumen durante esta última década”. Y eso, a pesar que, después de tres años de poca nieve, el invierno 2017-2018 se anunciaba más bien propicio para los glaciares gracias a nevadas excepcionales.

De hecho, es la capa de nieve que cubre los glaciares la que impide que se fundan. “Hasta finales de marzo, todavía quedaba, por encima de los 2.000 metros, más del doble de la nieve que normalmente y el espesor del manto de nieve era el más elevado registrado en los últimos 20 años”, dijeron los científicos.

Pero las importantes nevadas del invierno se vieron contrarrestadas por las elevadas temperaturas y la sequía extrema a partir de marzo. “El verano pasado (junio-agosto) fue el más caluroso después de 2003 y 2015”, según MétéoSuisse, y el periodo abril-setiembre fue “de lejos, el más caluroso jamás registrado” en el país, señalaron los expertos.

A título de ejemplo, en la cima del Weissfluhjoch (2.540 metros), donde se encuentra el instituto suizo para el estudio de la nieve y las avalanchas, no hubo ni una sola nevada superior a 1 centímetro, entre el 17 de mayo y el 4 de setiembre. Una situación que nunca se había producido desde el inicio de los registros, hace 81 años.

Este calor, al que se suma la sequía, “no solo hizo fundir grandes cantidades de nieve invernal (a veces hasta 5 metros en los glaciares) sino que también fundió el hielo. El deshielo en general (nieve y hielo) nunca había alcanzado un nivel así, excepto durante el año 2003”, explicaron desde la Red Suiza de Registros Glaciológicos (Glamos) que cada año mide y analiza los glaciares.

Según este organismo, “el año 2003 sigue siendo el peor año para los glaciares pero 2018 se sitúa seguramente entre los peores 10 de los 100 últimos años y en los tres peores para algunos glaciares”, estimaron los científicos, y añadieron: “Si hubiera habido el nivel de nevadas de 2017 por ejemplo, 2018 habría sido sin duda récord absoluto”.

Para los expertos suizos, la evolución de los glaciares de su país es un reflejo de lo que sucede a nivel planetario. “El retroceso de los glaciares está directamente relacionado con el cambio climático”, afirmaron. Los glaciares son muy susceptibles a las temperaturas elevadas del aire, éstas están claramente relacionadas con las fuertes concentraciones de CO2 en la atmósfera.

Si el calentamiento continúa a este paso, advierten los especialistas, “muchos pequeños glaciares van a desaparecer completamente y los mayores glaciares seguirán retrocediendo mucho”.

“Dentro de 20 años, podremos seguir admirando glaciares como el gran glaciar Aletsch (el más importante de los Alpes, en el sur de Suiza) pero la desaparición de los glaciares seguirá acelerándose”, sentenciaron.

La otra mala noticia es que los “años de extremos climáticos”, seguirán sucediendo, más allá de los desacuerdos, la falta de fondos o la aparente indiferencia de los líderes mundiales.

Fuente: https://bit.ly/2PafsuW