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Entrevista a Dina Bousselham de Podemos, por Sergio Amor y Lucas Villasenin

Conversamos con Dina Bousselham una de las especialistas en comunicación y migración de Podemos en España. La politóloga nos aporta sus reflexiones sobre los asuntos cruciales de la experiencia podemita: comunicación política, feminismo, migración y el desafío que representa el gobierno socialista de Pedro Sánchez.

Nació en Tánger y tiene 28 años. Es politóloga de la Universidad Complutense de Madrid y realizó un máster en Estudios de América Latina y el Caribe en el Institut des Hautes Études de l’Amérique Latine de Paris. Dina es una de las podemitas que asistió a Pablo Iglesias cuando llegó a ser eurodiputado en 2014. Actualmente es responsable de las áreas de comunicación y de migración de Podemos en Madrid.

En su viaje a Buenos Aires para participar del Foro de Pensamiento Critico organizado por CLACSO hemos tenido la oportunidad de dialogar con ella sobre los asuntos más relevantes de la experiencia política podemita.

Julián Assange dijo que Podemos es el primer partido del Siglo XXI. ¿De dónde aprendieron las novedades que aporta Podemos a la política?

Hay dos claves fundamentales que tienen que ver con la irrupción de Podemos. Una evidentemente es el 15M. Podemos nace en las plazas del 15M. Muchos de los que formamos parte de Podemos venimos de las plazas. En mi caso, vengo de Juventud Sin Futuro que fue uno de los colectivos organizadores del movimiento que surgió en las calles impugnando al régimen, impugnando a las élites, diciendo que no nos representan. Hemos intentado ofrecer una alternativa a todo ese desencanto señalando una crisis del régimen que era evidente en ese momento.

Por otra parte, la mayoría de nosotros venimos del laboratorio político de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Mirábamos en esa época todo lo que pasaba aquí en Argentina, todo lo que pasaba en América Latina. Yo soy alumna de Pablo (Iglesias) y de Juan Carlos (Monedero). Y esa conjunción entre el 15M, lo que aprendimos en las calles con la militancia, y el laboratorio político que supuso la Academia en general luego dio como resultado una manera de entender la comunicación política en términos gramscianos. Teníamos que adoptar una narrativa contrahegemónica y disputar el sentido común. Asumimos que la hegemonía se va construyendo, y que el sujeto no solamente es lo que dice sino lo que construye, eso es lo que va resignificando conceptos, reconceptualizando ideas, dando esa batalla discursiva y esa batalla cultural.

Nos inspiramos en esa idea gramsciana de hegemonía para construir una nueva forma de comunicar. Los medios siempre han estado al servicio de las grandes corporaciones pero nosotros hemos abierto una nueva ventana de oportunidad en la que no necesariamente la comunicación está al servicio de lo establecido. También que puedes usarlos para ponerlos al servicio de las clases subversivas y cambiar ese orden establecido.

Las izquierdas y el progresismo generalmente escinden su discurso y su estética de su contenido programático. Una tesis que generó polémica con el surgimiento de Podemos es que una política no puede estar escindida de un discurso y una estética. Por eso han modificado el clivaje izquierda-derecha por arriba-abajo, por ejemplo. ¿Qué balance haces hoy de esa tesis?

El balance creo yo que es positivo. En cuatro o cinco años hemos conseguido 5 millones de votos, 5 millones de personas que nos miran con ilusión. Y en el terreno de lo político y de lo comunicativo frente al eje izquierda-derecha, que es lo que tradicionalmente se venía trabajando como categoría analítica y de lucha política, hemos intentado centrarnos más en el eje viejo-nuevo y en el arriba-abajo. Planteamos un “nosotros” frente a un “ellos”, creando esa narrativa contrahegemónica. Intentamos conectar con toda la gente, independientemente de dónde venía. Buscamos conectar con el pueblo, resignificando la misma idea de pueblo y dándole un horizonte de futuro esperanzador a la gente. Es verdad que en los últimos tiempos la propia dinámica institucional nos está llevando de nuevo al eje izquierda-derecha. Pero eso se da porque con el gobierno del Partido Socialista, nuestra posición en el arco parlamentario está más anclada hacia la izquierda que hacia la derecha, y dentro del Parlamento es mucho más difícil desasociar eso y hablar de arriba-abajo. Es más fácil decir que el Partido Socialista está virando más hacia la derecha o hacia su izquierda, posicionándonos nosotros, evidentemente, hacia su izquierda.

Asumimos que la hegemonía se va construyendo, y que el sujeto no solamente es lo que dice sino lo que construye, eso es lo que va resignificando conceptos, reconceptualizando ideas, dando esa batalla discursiva y esa batalla cultural.

El balance creo que es positivo. A pesar de los límites de los medios de comunicación, de la batalla que se ha dado contra nosotros y de todo el dispositivo que existe al día de hoy para frenar a Podemos seguimos siendo la esperanza del cambio en España.

Ante ese escenario marcado por el gobierno del Partido Socialista. ¿Cómo se genera una nueva ruptura, como se evita quedar entrampado en el eje izquierda-derecha? ¿Cómo se supera la parálisis del parlamentarismo?

Volviendo a la calle, volviendo a dar la batalla por el sentido común, volviendo a apostar por la creación de un movimiento popular en el que Podemos empuje a toda esa multitud de personas. Tampoco ha cambiado radicalmente la situación de crisis que veníamos padeciendo en los últimos tiempos. En término macroeconómicos ha habido mejoras, pero en términos del dinero en el bolsillo, la gente sigue sin poder llegar a fin de mes, sigue sin poder llenar la nevera, sigue sufriendo el paro, sigue sufriendo la precariedad. Todavía hay una posibilidad de apertura, de seguir disputándole posiciones al régimen.

Quizás estamos en un momento de repliegue, por la posición parlamentaria, porque nos toca estar donde estamos, pero yo creo que en los próximos tiempos vamos a lanzar una ofensiva, sobre todo si finalmente se convocan elecciones como pretende el Partido Socialista que ocurra en los próximos meses, ahí nos va a tocar volver a estar en las calles, volver a dar la batalla discursiva en las calles.

¿Desde dónde se puede dar esa lucha por el sentido cuando uno ya forma parte de la cultura política, ya no es lo nuevo, y simultáneamente enfrenta a un poder establecido y consolidado?

En España hace pocos meses todos los medios nacionales abrían con la misma portada, que era la del Banco Santander, porque había patrocinado en ese momento a los diarios de tirada nacional. Y eso refleja de alguna manera el poder que tienen los medios de comunicación porque son empresas, son multinacionales, son corporaciones que tienen unos intereses que son compartidos entre “ellos” frente a “nosotros”. Por eso a pesar de que ahora el eje viejo-nuevo evidentemente ya no tiene mucho sentido, el eje arriba-abajo sigue siendo exactamente el mismo que hace cuatro años cuando irrumpió Podemos. Ellos siguen siendo las élites, las oligarquías, las corporaciones, los grandes medios de comunicación, y nosotros seguimos siendo los de abajo, la gente humilde, la clase trabajadora, y los que peleamos por el bienestar de las mayorías sociales. Como decía antes, ahora nos toca un momento de repliegue porque en lo parlamentario-institucional nos toca un papel secundario que es de reforzar y apoyar para que el Partido Socialista mire más hacia su izquierda que hacia su derecha, pero dentro del campo de la calle y de lo popular seguimos siendo el actor fundamental, el actor que acompaña y que está en la batalla de defensa por una vivienda digna, que acompaña a los taxistas frente a la uberización, que acompaña las huelgas de los sindicatos, en la perspectiva de seguir apostando por el movimiento popular como vía de salida frente a la institución y a la parlamentarización de la política.

Tanto España como Argentina son epicentros del movimiento feminista, lo que acá se llama la Marea Verde. ¿Qué aporte hace el feminismo para enfrentar al neoliberalismo en general como modelo civilizatorio?

En Buenos Aires estuve en una charla feminista para conocer a los diferentes colectivos y organizaciones de aquí. Y te das cuenta de que la agenda feminista es exactamente la misma que en España.
El 8 de marzo que supuso, al menos en España, un antes y un después, tiene tres características en común. Primero, fue un movimiento internacional, porque nosotras en España mirábamos el Ni Una Menos, mirábamos la lucha por el aborto, y al mismo tiempo aquí nos veíais contra la cultura y la justicia patriarcal, con lo que pasó con la manada, y conectábamos con las mismas luchas. Segundo, está la cuestión intergeneracional, y es que en la manifestación había niñas de 15 años con sus madres y sus abuelas, con una dialéctica particular que conectaba entre las tres generaciones Y en último lugar la huelga que ya no fue una huelga tradicional, laboral, sino una huelga también de consumo y de cuidados.

¿Qué aporte puede hacer el feminismo a la comunicación política?

En lo comunicativo hemos sido capaces las mujeres de conectar todas estas cuestiones bajo un mismo prisma, bajo un mismo marco, y salir a la calle con las mismas consignas, en el mismo momento, a pesar de que los contextos en América Latina y en Europa son diferentes. Al final, las élites que nos están atacando a las mujeres son las mismas: Trump es Macri, es Bolsonaro y sus agentes en Europa que son Salvini, Casado, Rivera, Le Pen. Creo que estamos cambiando también la forma de comunicar, y que este siglo está siendo el siglo de la revolución de las mujeres a nivel global. Y eso es muy esperanzador y es muy bonito.

Hay un debate respecto a la relevancia de los medios tradicionales y nuevas plataformas mediáticas. Todos hablan de lo nuevo en Podemos, pero Podemos irrumpe por la televisión. ¿Qué peso tienen hoy los medios tradicionales respecto de los nuevos medios de comunicación? ¿Qué uso hacen cuando piensan una estrategia de comunicación de cada uno de ellos?

Desde que nacimos, hemos intentado conjugar los medios tradicionales con las redes sociales. En el 15M se convocaba a las asambleas y a las manifestaciones por Whatsapp. Te llegaba un mensaje, ibas a la plaza y te encontrabas con millones de personas junto a ti en la Puerta del Sol. Y al mismo tiempo los medios tradicionales nos abrieron la oportunidad en 2014 con Pablo Iglesias, esto marcó un antes y un después en cómo se entiende la comunicación política dentro de los partidos políticos y se ha hecho de manera brillante.

Luego nos dimos cuenta cuando pasaron meses. Pasaron las elecciones europeas y entramos con 5 eurodiputados, ya los medios tradicionales dijeron ojo, no vayamos a darle cancha a los podemitas. De repente, nos dimos cuenta de que se nos cerraba la ventana de oportunidad de los medios tradicionales y teníamos que recurrir a producir nosotros mismos, narrar nosotros mismos nuestras luchas, nuestros acontecimientos, y eso evidentemente lo llevamos a cabo en las redes sociales.

Ahora mismo Pablo (Iglesias), Íñigo (Errejón), Juan Carlos (Monedero) son influencers, tienen millones de seguidores en redes y solo un tweet es capaz de llegar a ser titular en los medios de comunicación, independientemente del contenido del tweet. Y eso te va mostrando la capacidad o el poder que reside en las propias redes sociales, para bien y para mal.

De hecho ahora vemos los bots, las fake news, todas las cosas que utiliza la derecha para instaurar un sentido común autoritario, infundando miedo, infundando odio. Pero al mismo tiempo las redes también te abren la posibilidad de poder transmitir y de llegar a gente a la que no eres capaz de llegar simplemente con los medios tradicionales. Sobre todo a la juventud: los jóvenes consumen Instagram, Youtube, Twitter, y Facebook menos. Y es el futuro, si tú llegas a convencer a toda esa juventud, yo creo que el futuro está ganado.

Hay un debate sobre Bolsonaro y el Whatsapp en Brasil. Y se utiliza la idea de que la herramienta tiene la culpa o justifica los resultados.

Las redes sociales son un dispositivo de poder, puedes usarlo para unos intereses o para otros. En el caso de Bolsonaro es evidente para qué lo ha utilizado, y en el caso del 15M era un dispositivo para comunicar y llegar a gente a la que de otra manera no era posible llegar. Hay un debate de qué hacer con las redes sociales, sobre todo porque de alguna manera se están mercantilizando. Yo trabajé en una empresa de marketing on line antes de Podemos.

Ahora es como una cosa de vanguardia y todas las empresas lo llevan a cabo (el estudio de mercado en las redes y el big data). Dentro de los propios partidos políticos se está llevando a cabo este proceso de apostar por el marketing, de vaciar de contenido las cosas. Dentro del propio Whatsapp los contenidos que se pueden mover pueden incluso resultar peligrosos, porque si no eres capaz de desmontar las mentiras o las fake news, caes en la trampa de terminar votando a Bolsonaro porque lo que te estaba llegando por Whatsapp eran cosas irreales.
Hay que tener cuidado con cómo utilizamos las herramientas discursivas, en este caso las redes sociales. En España creo que todos los partidos han ido adaptándose a los nuevos tiempos gracias a que nosotros hemos sabido movernos en ese espacio.

Ustedes van a tener las elecciones parlamentarias y europeas en el próximo año y no enfrentan un problema distinto del que enfrentó el PT en Brasil, que es la necesidad de derrotar al neo/posfascismo, una derecha construida sobre el odio, la violencia, el racismo, la xenofobia y la misoginia. ¿De qué manera se enfrenta mejor a esas nuevas fuerzas políticas que nos ponen en una nueva incomodidad?

Disputando el sentido común. Ellos ya lo están haciendo. Están intentando criminalizar al migrante, poner en duda la fraternidad, la libertad y la igualdad. Nuestro papel tiene que ser el de concientizar, el de movilizar y desmontar los mitos, y crear un sentido común que combata esos prejuicios, que combata el racismo, un sentido común que sea feminista y que no sea neoliberal, que no centre en las individualidades sino en lo común.

Ese es el reto que tenemos de aquí a las elecciones y más a largo plazo, porque de lo que se trata es de transformar a la sociedad, no solamente de ganar elecciones. El poder no reside solamente en el Ejecutivo y en el Legislativo. Lo estamos viendo en América Latina. Hubo una década ganada, las izquierdas han gobernado, pero al perder las elecciones todo lo ganado se ha perdido, porque no hemos sido capaces de detentar el poder real que está en los medios de comunicación, en la sociedad y en la calle. Ese es uno de los mayores retos que tiene la izquierda, el campo progresista, el campo nacional y popular, que es de alguna manera utilizar los medios con los que contamos para disputar el sentido común, disputar la hegemonía. Para dar esa batalla discursiva y esa batalla cultural los medios de comunicación y las redes sociales son dispositivos fundamentales.

Los inmigrantes hoy son vistos como un problema para las fuerzas de ultra derecha. Desde su mirada del mundo la inmigración siempre aparece vinculada con la idea de ‘qué hacer con’ y no un sujeto político. ¿Cómo fue tu experiencia de hacer política siendo inmigrante, y qué posibilidad hay de que los inmigrantes dejen de ser un problema y pasen a convertirse en un sujeto político?

Sobre todo lo del problema lo está instalando esta ofensiva neoliberal, racista y misógina de Trump, de Bolsonaro, de Macri, etc., en las que las migraciones son un problema porque ellos no tienen un proyecto de país para las mayorías sociales. No quieren hablar de paro, no quieren hablar de cómo solucionar la precariedad, de cómo solucionar los problemas que sufre la gente, y entonces buscan un enemigo común, un otro al que criminalizar, que en este caso es la persona que está en unas condiciones de vulnerabilidad frente al resto de la población, que es la población migrante.

Yo soy responsable también del área de migraciones e intentamos dentro de la propia organización concientizar al respecto de que cuando hablamos de plurinacionalidad no solamente buscamos un encaje concreto a las nacionalidades históricas –Cataluña, el País Vasco, Galicia, etc.– sino que la población migrante (los ecuatorianos, los bolivianos, los senegaleses, los marroquíes) también formamos parte de ese proyecto de país. Eso tiene que ser así porque aportamos también a la riqueza al país, porque construimos Patria todos los días, porque vivimos, porque trabajamos, porque pagamos nuestros impuestos en ese país, y creo que tenemos que de alguna manera dar ese salto en lo conceptual y en la praxis para que se entienda que España es plural y diversa, al igual que lo es Europa y América Latina.

Nuestro papel tiene que ser el de concientizar, el de desmovilizar y desmontar los mitos, y crear un sentido común que combata esos prejuicios, que combata el racismo, un sentido común que sea feminista y que no sea neoliberal, que no centre en las individualidades sino en lo común.

En ese sentido creo que hay que armar una contraofensiva popular para desmontar el sentido común, para desmontar el racismo que existe en la sociedad, y para situar que la pelea es por las condiciones de vida materiales independientemente de si uno es o no migrante. Cuando te desahucian de tu casa, o cuando te dejan sin luz porque no has podido pagar, o estás en la cola del paro, no lo estás simplemente por ser migrante o por llamarte Mohamed o Miguel sino que tiene que ver con las tres cuestiones que dice Angela Davis: la cuestión de clase, la cuestión de raza y la cuestión de género, que se entrelazan.

Al final la cuestión de clase importa porque es la que determina que estemos precarizados y que el neoliberalismo haya ganado esa disputa de momento. Lograron instalar que lo que importa son los individuos y las individualidades en lugar de pelear por lo común, por lo colectivo. Los problemas no nos afectan como individuos solamente sino que nos afectan como colectivo y tienen que ser resueltos por la política y en comunidad, no por la antipolítica.

Fuente: https://bit.ly/2PiXItH