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Daniel Arroyo: “La gente se funde trabajando”

Tito es fletero, no le falta trabajo después de tantos años en el rubro. Tiene dos ayudantes casi permanentes y otros dos que, cuando hay varios muebles para trasladar, se hacen una changuita. A Tito no le falta trabajo pero sí le falta plata, no le alcanza porque le subieron los costos fijos de su trabajo (gasoil y peajes) y los costos fijos de su vida cotidiana (luz, agua, gas, alimentos). Tito se funde trabajando porque no le rinde. Está pensando en vender la chata y comprarse un auto para laburar en una remisería. Es dueño, es emprendedor, arriesga su capital, pero no puede más. Encima, le avisaron que debe unos impuestos que ni sabía que existían. A diferencia de otros argentinos, a Tito no le bajó el trabajo, lo que le bajó es el bolsillo.

Raquel es docente de la provincia de Buenos Aires desde hace 12 años, trabaja doble turno en una escuela del Conurbano con muchas modestias pero, también, con muchos docentes y padres que la pelean para que la cosa funcione. Solo hizo paro los primeros días del año porque se le fue complicando cada vez más con los descuentos. Cuando se le puso difícil el tema económico, se tentó con un crédito de los que te descuentan directamente del recibo de sueldo. Hasta hoy maldice el día, a ese primer crédito le siguieron otros que la fueron complicando cada vez más a tasas que ella denomina usurarias porque, como buena maestra, no es muy afecta a las malas palabras. Raquel no da más, de verdad.

Juan tiene una pyme en el sur del Conurbano. Está bien equipado, sus padres le inculcaron la idea de que, en las buenas y en las malas, hay que invertir. Desarrolla matrices de primer nivel, tiene varias personas trabajando hace muchos años e incorporó gente joven que trajo nuevos diseños. Juan y los cuatro directores de la pyme hace seis meses que no retiran plata, no cobran, se van comiendo sus ahorros. Tiene trabajo, pero las empresas que lo contratan solo le aceptan presupuestos tan ajustados que termina cambiando la plata.La va a seguir peleando, pero no le ve la pata a la sota.

María tiene un localcito de ropa con un baño muy pequeño que casi no se usa. Increíblemente le llegó una factura de seis mil pesos de agua, no entiende, siente que le está robando el mismo Estado. Vende muy poco porque, aun en el centro, la gente dejó de consumir. Cada día le entra un poquito menos y cada día gasta un poco más. Buscó todas las maneras de reducir los costos pero ya está. No entiende de macroeconomía, de dólar o de lebacs. Lo que tiene muy claro es que cuando la gente no tiene plata, todo se desacomoda. Sabe que el argentino es gastador, que cuando tiene un pesito en el bolsillo se tienta, pero tiene claro que hoy abundan las deudas en las familias más que los billetes. María no sabe si la va a seguir peleando, va a ver qué pasa de acá a marzo.

Algo anda muy mal en un país en el que la gente se funde trabajando. La plata no le alcanza al que labura todo el día, al que invierte, al que arriesga su capital, al que pasó varias crisis pero olfatea que esta es más profunda y no deja a nadie afuera.

Tito, Raquel, Juan, María y muchísimos argentinos más se levantan todos los días, ponen garra y lo mejor de sí para que este país funcione. Pero sienten que el Estado no los mira, los ignora y los carga con costos e impuestos cada vez mayores. Durante el día se bajonean y piensan en largar todo, pero a la mañana siguiente vuelven a cargarse y van a pelearla otra vez. La Argentina tiene destino porque tiene gente maravillosa, solo hace falta que los políticos abramos los ojos y estemos a la altura.

Fuente: https://bit.ly/2zHw5Wc